Uno

…ni un si, ni un no, ni siquiera un gesto, solo la mirada perdida en un punto muy lejano en el espacio, y un hilo de baba cayendo por la comisura de sus labios. Nada, no parecía oir, tampoco ver algo con esos ojos absolutamente perdidos, parecia una carcaza vacía, un ser sin alma.

“Estas bien?”, le pregunto nuevamente, esta vez poniéndose delante de el y agitando las manos, lo insólito de la situación hacia que una risa sarcástica se le dibujara en el rostro pero el silencio abrumador que los envolvía se la borraba de inmediato cambiándola por un nudo en la garganta.

“Mierda!, ahora que hago?, mierda!!!, mierda!!!!, mierda!!!! que mierda pasa aqui?, no te puedo dejar solo un segundo que te metes en problemas?, no me queda otra que llamar a un médico, rayos!! no hay señal en el celular, para variar, y ahora que lo recuerdo ni crédito tengo, caballero nomás, a buscar un telefono público, al menos sencillo tengo, es lo único que tengo.”

Al abrir la puerta del laboratorio se encontró con los oscuros pasadizos de la universidad iluminados solamente por la luz difuminada de los flourescentes que escapa por las ventanas ahumadas de los laboratorios y por debajo de las puertas, no hay nadie más, solo los dos estudiantes de último año intentando ganar créditos con el profesor de microbiología industrial.

Beto da el primer paso hacia el oscuro pasillo, siente como el viento que resopla desde los jardines interiores le enfría hasta el alma, de algún modo se encuentra convencido de que esta cometiendo el segundo error de la noche y el primer gran error de su vida, titubea un poco antes de dejar completamente el laboratorio con un segundo paso y sonríe sarcásticamente, “debo estar loco” intenta autoconvencerse y aprieta el paso hacia los teléfonos que se encuentran al final del complejo de laboratorios.

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